El envenenador francés
La historia del padre de dos tenistas franceses que drogaba a los rivales de sus hijos. Fue preso al provocar la muerte de uno de ellos, en un torneo que tenía como máximo premio... ¡una pata de jamón!.
  
Mont-de-Marsan es una de las localidades que componen la costa del suroeste de Francia. Con 28 mil habitantes, la tranquilidad del lugar sólo se ve interrumpida en julio, cuando se realizan los tradicionales festivales de danza y música flamenca, y la ciudad se ve invadida por el bullicio de los turistas. Luego, la vida fluye apacible entre casitas que echan humo por las chimeneas como escapadas de un cuento. El 2 de agosto del 2003 esa tranquilidad se vio sacudida. En la estación de tren de Mont-de-Marsan, un operativo policial quebró la paz. Christophe Fauviau, ex piloto militar de 45 años, respetado miembro de la comunidad, casado, dos hijos, era inmovilizado en cuestión de segundos por los efectivos policiales. En un rincón de la estación, su hija Valentine lloraba aterrada, viendo cómo se lo llevaban detenido. Ella no entendía qué era lo que sucedía..

Tampoco un mes antes el instructor de tenis Alexander Lagardère entendía qué era lo que sucedía. Jugaba el torneo de Tartas, torneo regional cuyo premio era una pata de jamón, y en medio de su partido ante Maxime Fauviau sintió un fuerte mareo y una náusea que le ganaba la garganta. Con el correr de los minutos el mareo se hizo más intenso y luego del primer set Lagardère debió abandonar. Maxime Fauviau, su rival, se alzó con la victoria. Luego de unas horas, volviendo en auto a su casa, Lagardère perdió el control del vehículo y chocó contra un árbol. Nada pudieron hacer en el hospital. Alexander Lagardère tenía apenas 25 años. Además de instructor de tenis, era maestro de escuela.

"Se quedó dormido", pensaron las autoridades al ver el auto de Lagardère estrellado contra el árbol. Era lógica pura: en el lugar no había rastros de haber ocurrido nada extraño. Sin embargo, días después, la autopsia arrojaría un dato revelador: en el cuerpo de Lagardère se hallaron restos de Temesta, un antidepresivo que causa somnolencia profunda y que nunca le habían prescripto ni estaba tomando. Las sospechas de que su muerte no era un simple accidente se materializaron cuando un menor denunció a Christophe Fauviau. El joven estaba por jugar la semifinal del torneo de Bascons, ciudad cercana a Mont-de-Marsan, y su rival era Maxime Fauviau. Antes del partido, vio cómo Christophe Fauviau colocaba algo en su botella de agua y lo denunció. La policía local investigó el caso y descubrió que, antes, durante o después de los partidos, muchos de los rivales de Maxime y Valentine Fauviau habían sufrido mareos, agotamiento, deshidratación...

Christophe Fauviau fue detenido esa noche de agosto del 2003 en la que aguardaba el tren junto con su hija Valentine. En el juicio que se le realizó en marzo de este año, admitió que rellenaba con somníferos y relajantes las botellas de agua de los rivales de sus hijos. La parte acusadora lo llamó "mentiroso manipulador para quien el éxito de sus hijos justifica todo". Aunque en el juicio, Fauviau se encargó de aclarar que su intención nunca había sido matar, reconoció que se dio cuenta de que con su accionar había herido a otras personas y de que era responsable de la muerte de Lagardère, "peso que cargaré por el resto de mi vida".

Romain Levebvre es periodista del diario francés L''Equipe. El siguió el caso de Fauviau y cuenta: "Valentine, a los 13 años, era la primera en el ranking de Francia pero muchos no la consideraban así porque nunca había ido al campeonato nacional francés. No iba porque su papá no quería que fuera. Podemos imaginar que era porque este campeonato está tan bien organizado que a él se le hacía difícil hacer trampa. Valentine era realmente una buena jugadora y la Federación le propuso entrenarse en Roland Garros. Pero su padre no la dejó y la mandó a una academia privada cerca de París, la Mouratoglou Academy, a la que fue el chipriota Marcos Baghdatis. Luego de que su padre fue a prisión, para ella fue muy duro. Valentine está en un nivel nacional, pero parece haber perdido un paso".

En el juicio, Valentine le pidió al tribunal piedad por su padre. Aparentemente, ni ella ni su hermano Maxime estaban al tanto de sus acciones. Según Valentine, lo que él hizo fue "como un acto de amor, ya que nunca quiso herir a nadie". Hoy, la joven de 15 años dejó la academia donde la había enviado su padre y vive sola en Plaisir, pueblito a 40 km de París. "Este caso no sólo conmovió a Francia —sigue Romain Levebvre—, sino que vinieron a cubrirlo de la TV inglesa, italiana y norteamericana. Incluso los medios franceses mandaron a su especialista en juicios. Fue la primera vez en Francia que se juzgó un caso de muerte en el deporte. Fauviau fue condenado a ocho años de prisión. Pero antes del juicio, estuvo preso cerca de dos años y medio. Con los procedimientos que hay, podría estar afuera en tres años".
 
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Fuentes: Diario As, Olé, La Reppublica, Corriere della Sera, Forza Torino