Fue de vida o muerte
En 1942, varios jugadores del Dynamo Kiev fueron ejecutados por los nazis, tras ganar un partido y no aceptar las amenazas en el entretiempo. Aquí, los hechos que Hollywood distorsionó en una película.
  
La tendencia que tiene la industria del cine a darle un final feliz a ciertas historias hizo creer a una generación de jóvenes que realmente un equipo de prisioneros de guerra había escapado de los nazis en medio de un partido de fútbol. Las épicas imágenes de "Escape a la victoria", con Pelé, Osvaldo Ardiles y Bobby Moore, se basaban, efectivamente, en hechos reales. Pero la verdad es que esos episodios terminaron con cuatro jugadores ejecutados por los nazis en el tibio otoño de 1942, cuando la ciudad de Kiev se desangraba y quedaba vacía de gente y desbordada de muerte.

El panorama no era lindo. Kiev era como uno se la imagina: blanca y fría. Centro industrial del país, allí había sido fundado el Dynamo en 1927, décadas después emblema del poderío deportivo soviético y también cuna de Andryi Shevchenko. Situémonos: aquellos jugadores eran contemporáneos de Stalin y Hitler... Los rusos vivían en medio de dos infiernos: el terror interior y el enemigo externo acechando. El hambre y la mano dura eran ley, y no se salvaban ni los futbolistas. Por ejemplo, los tres hermanos Starostin, cracks del Spartak Moscú, fueron acusados de enemigos públicos, enviados al gulag (campo de trabajo forzado) y volvieron recién 30 años después.

El enemigo externo, en tanto, había comenzado su invasión. Avanzada ya la Segunda Guerra, Alemania atacaba a Rusia. El Dynamo se entrenaba en el estadio Zenith, y con los primeros bombardeos los jugadores escaparon a las afueras, aunque retornaron horas después. En ese estadio, ahora devenido en refugio, los sorprendió la ocupación nazi. Y como cualquier ciudadano, en tal situación se sometieron a las nuevas reglas y la mayoría encontró trabajo en una panadería. Reconocidos como futbolistas por los alemanes, se les ofreció entrenarse en el Zenith y jugar una serie de partidos contra las fuerzas militares de ocupación. Cuesta creer que alguien decida jugar a ganar sabiendo que eso puede condenarlo a una muerte segura. Pero, todas las fuentes coinciden, fue lo que ocurrió. Aunque usted no lo crea.

El Dynamo se rearmó con el plantel sobreviviente tras casi un año de ocupación, hambre y servidumbre. El 12 de junio de 1942, rebautizados Stars y reforzados con ex futbolistas del Lokomotiv Kiev, los ucranianos ganaron 4-1. Y días después, lo mismo pero 6—0. Luego los nazis presentaron un equipo húngaro no aficionado, que perdió 5—1 y 3—2. Sobre la goleada, la prensa controlada comentó: "Pese al resultado, se puede decir que son dos equipos de igual valía".

El domingo 9 de agosto del 42, los afiches anunciaban el último partido como "la gran revancha". Con la entrada a 5 rublos, esta vez juega la Lufftwafe, la muy entrenada fuerza aeronáutica nazi. El comandante de ocupación, general Major Eberhardt, preside el palco. Con la Lufftwafe perdiendo 2-1, en el entretiempo, el hombre baja al vestuario local y advierte: "El equipo de las Fuerzas Armadas Alemanas no ha perdido nunca, menos en territorios ocupados". O sea, una "invitación" a dejarse ganar, que de todas formas no detiene a los ucranianos. Para cuando meten el quinto gol, la delegación oficial se retira.

La tentación de ganar, tal vez la rebeldía y el espíritu patriótico, superaron la amenaza de militares que habían dado suficientes pruebas de su crueldad. Terminado el partido, un camión trasladó a los jugadores y, horas después, en Baby Yard, fueron ejecutados el arquero Mykola Trusevich, Ivan Kuzmenko, Olexiy Klimenko y Mykola Korotkikh. Hoy en día los recuerda un monumento frente al estadio y la historia contada en el libro "El partido de la muerte".

Está claro: hubo victoria pero no escape. En la película, Ardiles hace una genialidad pero comete un penal, Stallone se consagra atajándolo, Pelé tira una chilena. El partido no es en Kiev sino en la más glamorosa París. Y los alemanes no juegan con los rusos sino con los Aliados. Film estrenado en 1981, en plena Guerra Fría, estaba bien combatir a los nazis pero los buenos (víctimas o ganadores) no podían ser rusos. En todo caso, si el guión hubiera enfrentado a nazis y rusos, Hollywood seguramente los habría hecho empatar.
 
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Fuentes: Olé, "El partido de la muerte", Football.uc