Fue el más Fair Play
La historia del goleador argentino Omar Lorenzo Devani que, jugando en Colombia un clásico que definía el campeonato, pateó afuera a propósito un penal porque "no había sido".
  
Se paró frente a la pelota y su conciencia. No sentía ese escalofrío que suele recorrer a los que se enfrentan a la soledad de la pena máxima. Acomodó la bola y miró al arquero. Omar Lorenzo Devani, delantero infalible, sabía con certeza dónde patearía. Tomó carrera. El Campín de Bogotá estaba repleto y expectante. Era nada más ni nada menos que el clásico: Independiente Santa Fe contra Millonarios, partido del que se hablaría toda la semana; partido de ésos que si se ganan en el último minuto con un gol con la mano y kilómetros en offside, mejor; partido que, como todo clásico, se juega con dientes apretados y de cara a la historia. Para colmo, no era un clásico más: se jugaba el tramo final del torneo y el Santa Fe venía peleando la punta. Y ahí estaba Devani frente al arquero y un penal inventado. El árbitro pitó. El goleador fue hacia la pelota y la puso exactamente donde quería: a cinco groseros metros del palo derecho del arquero. Afuera, sí. Muy afuera.

En la tribuna nadie podía creerlo: justo Devani, goleador del campeonato colombiano en el 63 y 64, goleador de ese torneo de 1966, ídolo del equipo, había fallado el más inoportuno de los penales. Lo que pocos sabían en el estadio era que lo había pateado afuera a propósito. Todo empezó cuando promediaba el primer tiempo. El partido estaba 0-0, y Alfonso Cañón, volante del Santa Fe, puso un pase profundo para Devani. Un defensor llegó un siglo tarde al cierre, y listo, Devani fue al piso. ¡Penal! En el área se armó un revuelo increíble. Todos los jugadores de Millonarios rodearon al árbitro, el chileno Mario Canessa: que fue penal, y que no fue, y que le digo que fue y basta o lo amonesto, señor.

—No fue penal, juez —le dijo el propio Devani al árbitro.

El árbitro no le prestaba mucha atención: estaba ocupado sacándose de encima a los jugadores de Millonarios y habría pensado que la voz de Devani era una más del indignado coro de reclamos.

—Juez, le digo que no fue—repitió Devani, ahora casi a los gritos.

El árbitro lo miró atónito. Es que no era un jugador del equipo perjudicado el que daba semejante veredicto. Tampoco era la desalmada televisión que, con sus cámara lenta, años más tarde, les quitaría el sueño a los pitos. No. El que decía que no, que de ninguna manera había sido penal, era el propio Devani, a quien supuestamente habían derribado.

—Cómo que no fue —empalideció el árbitro—. ¿Usted quiere que me maten? Ahora ya lo cobré.

—Pero es que no fue foul.

—Ya está —se encogió de hombros el juez—. Ahora vaya y patee.

No tuvo más remedio que ir y patearlo. Y entonces fue.

El que cuenta los detalles es Carlos Antonietta, compañero de Devani y que jugó aquel partido: "Yo era el encargado de los tiros libres y el de los penales era el colombiano Maravilla Gamboa, un gran jugador. Pero apenas el árbitro cobró el penal, Devani agarró la pelota: 'Dejá que éste lo pateo yo', le dijo a Maravilla, guiñándole un ojo. Y lo tiró afuera. Un caso insólito. Eso habla de su calidad de gente".

Hoy en día, Devani tiene 69 años, peina canas y trabaja en una compañía de seguridad. Y recuerda: "Yo les avisé a mis compañeros que lo tiraría afuera. El tema es que no podía meterlo. Si no había sido foul. ¿Qué iba a hacer? Entonces agarré la pelota y la tiré afuera. Mis compañeros no me dijeron nada. Capaz que hubo hinchas que jamás se enteraron de que lo tiré afuera a propósito pero bueno, yo no me arrepiento. Es más, lo volvería a hacer. Hoy se habla de los códigos del fútbol y la verdad que no los conozco. No sé qué son. Ahora todo el mundo se tira en el área y finge. En el fútbol como en la vida no hay más códigos que hacer lo que corresponde. Te digo más: creo que nunca pateé tan tranquilo un penal".

El partido siguió y el Santa Fe ganó 3-1 con dos goles, sí, de Devani. "Yo no sé si habrá sido un guiño de Dios o qué —cuenta Devani—, pero en el segundo tiempo, con el partido muy cerrado, agarré una pelota fuera del área y se me dio por pegarle de zurda, cosa que nunca hacía: la clavé en un ángulo. Y después hice otro: terminamos 3-1. Quizá por eso nadie me dijo nada del penal. Mirá si perdíamos... seguro que me mataban, je je".
 
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Fuentes: Caleños, Olé, Kicker