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| La maldición Garabato |
| En 1948, América de Cali pasó a ser
profesional: contra la decisión, el médico del club, apodado
Garabato, maldijo al equipo. Y el América tardó ¡31 años en
salir campeón. |
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Antes
del triunfo, la victoria: el sacerdote alzó los brazos, casi
actoral, mientras el Pascual Guerrero lo escuchaba y rezaba.
Entonces se tocó la frente, ahora el pecho, luego un hombro,
finalmente el otro, un millar de voces rugiendo y cantando lo
que entonces vendría, lo que entonces debería venir tras aquel
exorcismo. Víctor Lugo derrumbó el arco por primera vez, para
que luego lo hiciera Alfonso Cañón, para que el América de
Gabriel Ochoa Uribe, otra vez candidato a ganar el torneo,
derrotara 2-1 a Magdalena en 1979 y finalmente se consagrara
campeón colombiano. ¡Por fin! Cada mirada era imantada por el
cielo y el desahogo: al fin se había vencido a la Maldición
Garabato, tantos años sin coronas, las medallas esquivas y
burlonas.
América de Cali fue fundado a fines de 1926 por Hernán Zamorano
Isaacs, su primer presidente. Ganador de títulos y con una
fuerte imagen social, el club se convirtió en uno de los más
importantes del país y protagonizó un hecho histórico cuando
debió debatir el puente entre el amateurismo y el
profesionalismo. Era 1948 cuando la Junta Directiva discutió el
mañana: Humberto Salcedo Fernández, su presidente, quería el
profesionalismo, mientras otros pujaban para mantenerse donde
estaban. Hubo batallas dialécticas, las palabras peleándose,
debatiendo, hasta que ganó lo profesional, hasta que habló
Benjamin Urrea: "Que lo vuelvan profesional, que hagan con el
América lo que quieran, que por mi Dios, América nunca será
campeón".
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Benjamín Urrea era médico odontólogo. Un insulto, un
descargo, pocos le prestaron atención a aquella frase. "Pero de
a poco América comenzó a caerse en las definiciones —rememora
Jairo Ramírez, periodista de El País—. Primero fue el
subcampeonato del 60. Luego alcanzó 22 partidos invictos, una
hazaña, en el 67, pero no ganó el torneo. Y luego se vivió el
segundo puesto del 69, cuando se consagró Millonarios. Al equipo
lo llamaban ''La Academia del Juego''. Pero la Maldición
Garabato, como le decían a Benjamín, era cierta".
El
mejor rostro de la desesperación, el ambiente caleño llegó a
renegar hasta del escudo del club, un diablo con un tridente en
la diestra haciendo jueguito con su zurda. Algunos jugadores,
también, escondían el escudo bajo una cinta. "Yo me reía de la
maldición", le dice Uribe, el primer DT campeón, en una nota del
Diario Olé: "Sólo creo en Dios, pero era cierto que no se podía
explicar lo que nos pasó en las finales de la Copa".
Y ahí está el segundo capítulo: La Libertadores. Entonces, tras
31 años sin placeres locales, la venganza versión americana de
Garabato. "Parecía que nos habían embrujado —cuenta Julio
Falcioni, ex arquero del América durante los 80—. Yo sufrí en
carne propia esa maldición. Cuando perdimos las tres finales de
la Copa se habló bastante del maleficio. Fue una etapa dura".
Primero el país, luego el continente, siempre lo mismo: el
América de Uribe perdió las finales del 85, 86 y 87, y luego,
casi una década después, en el 96, volvió a caer. "Yo ya no
tengo nada que ver", se reía, entonces, Garabato. Algunos
hechos, sin embargo, parecían sacados de películas: en el 78,
Orteguita, un integrante de la Asamblea de Socios, le ordenó al
hombre: "Que haga con la mano derecha la Santa Cruz y que repita
las palabras que voy a decir: ''Yo, Benjamín Urrea, eché una
maldición al América y hoy le voy a levantar esa maldición con
el permiso de Dios''. Al otro año, América fue campeón.
Tras
perder con Argentinos, River y Peñarol en la Copa, América vivió
dos eliminaciones demenciales: en los cuartos del 01, perdió 0-1
ante Rosario Central en la ida y le iba ganando 3-0 en la
vuelta, de local, con dos hombres de más, pero un doblete de
Pizzi en el descuento forzó los penales y la noche épica del
arquero Tombolini (atajó cuatro). Por la Copa 05, el América de
José Devaca ganó sus primeros tres partidos (2-1 a Libertad, 1-0
al DIM, 3-1 a Paranaense) y le peleaba a River el primer puesto
de la general, pero se topó con la barranca: perdió 1-2 con
Paranaense, 0-2 con el DIM, y aun así llegó a la última fecha
casi clasificado. Con un empate de local ante Libertad, ya
eliminado, estaba en octavos, pero Libertad lo venció 1-0, el
DIM goleó 4-0, de visitante, al Paranaense, y los brasileños y
los de Medellín pasaron de ronda.
Benjamín Urrea tiene, ahora, casi 90 años. Está internado en una
clínica, en reposo, afectado por unas bromas de la salud. "Ya se
le van las luces", dicen en Cali, y arriesgan que no le falta
demasiado para el último viaje, la estación final, el cielo, una
nube... El escenario ideal que mil ojos imaginaban cuando
llegaba la derrota y no había explicación, porque realmente no
había explicación. O sí, acaso sí. |
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especiales@futboltico.com |
| Fuentes: Olé, Caleños, Rojos de Verdad |
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