Pite, Mr. Magoo...
La insólita historia de Mario Pajoni, un árbitro ¡miope! Sí, y como no veía ni un caballo en un baño, el insólito juez dirigía en Primera División con... los anteojos bien puestos.
  
No hay peor ciego que un árbitro ciego. O, al menos, corto de vista. Mario Pajoni fue un referí casi irreal al que nadie podía gritarle el viejo, clásico y gastado "ciego, póngase anteojos". Pajoni les ganaba de antemano a los hinchas: miope asumido, ya salía a la cancha con los lentes puestos... En los libros de historia del fútbol argentino no abundan datos acerca de este juez tan particular que jugó en el club Platense y en la selección albiceleste, y que luego dirigió en Primera con los anteojos puestos. Sólo algún párrafo, algunas líneas dedicadas casi al pasar, y una foto. Una increíble foto tomada la tarde del domingo 3 de septiembre de 1944. Pajoni está ahí, firme y solemne, perdido en la historia del fútbol entre los capitanes de los equipos de Racing y Chacarita, a punto de dirigir su último partido.

Lleva un impecable saco, pantalones cortos que ridiculizan el impecable saco y unos sobrenaturales anteojos. Pajoni está prolijamente peinado como un cantante de tango listo para salir a escena, y tiene cara de abogado o contador, o de tipo que pasaba simplemente por la puerta de la cancha y que cuando se quiso dar cuenta ya estaba en medio del partido. Pero Pajoni no era abogado ni contador ni árbitro de fútbol. Era pediatra. Le gustaba mucho leer y trabajaba en el Hospital de Niños. Días antes de que le tomaran esta foto, había llegado al arbitraje por casualidad o "carebarro".

El sábado 5 de agosto de 1944, en un partido de segunda divisiónentre Talleres y Central Córdoba, el árbitro Alberto Pascualini cometió la insolencia de anularle un gol a Talleres. Los hinchas lo querían matar y, entusiasmados con esa idea, saltaron la malla. Al verlos venir, Pascualini enfiló rumbo a los camerinos. En eso estaba cuando se cruzó con el técnico y el masajista de Talleres. O, mejor dicho, con los certeros puños del técnico y del masajista de Talleres. Pascualini terminó en el hospital y cuatro días más tarde, en reunión extraordinaria, los árbitros decidieron no dirigir en la fecha siguiente de todos los partidos de los torneos de la AFA "como manifestación de solidaridad y desagravio al árbitro Pascualini".

Pero como para el fútbol la bola nunca para, la federación argentina tuvo la brillante idea de habilitar un registro de árbitros. Así, el viernes 11 de agosto de 1944, de 9 a 17 horas, cualquier hijo de vecino que no tuviera un plan mejor para el fin de semana podía anotarse para dirigir un partidito. Según La Prensa del 12/8/44, "muchos fueron los aspirantes que acudieron a solicitar su inscripción, contándose con más de 70, alrededor del mediodía. Entre ellos, había algunos árbitros que ya figuraban en los registros oficiales pero que se habían alejado de la actividad". ¿Y quién era uno de los 70 aspirantes? Sí, Pajoni.

Ya en el presente, Carlos tiene 64 años. Trabaja en un laboratorio de análisis clínicos y es uno de los tres hijos que tuvo Mario Pajoni. Cuenta: "Cuando la AFA abrió los registros por la huelga de árbitros, mi viejo se fue a anotar porque le apasionaba el fútbol. Además, creo que se fue a anotar de puro caradura, je je. No había sido árbitro pero lo eligieron para dirigir por su pasado de futbolista y por ser un tipo con estudios, un tipo leído. Me acuerdo de que en las sobremesas, a veces salía el tema y yo lo molestaba: ''Fuiste un rompe-huelga, viejo'', le decía. Y él, contestaba que lo había hecho porque no era justo para la gente, que el torneo tenía que seguir".

El domingo 13 de agosto, Pajoni dirigió su primer partido. Atlanta, de local y ante 35 mil espectadores, jugaba con San Lorenzo. Ganó 2-0 el dueño de casa y el árbitro dirigió con los anteojos bien puestos, sin problemas. Según la crónica de La Prensa, "actuó con bastante acierto". El tema fue el segundo partido, dos semanas después. Independiente enfrentaba a Lanús. Ahí, Pajoni le cobró al primero un gol que no fue y "cometió otros errores en perjuicio de ambos conjuntos, demostrando que no estaba seguro de sus actos".

"Yo era muy chico cuando él dirigía —aclara Carlos—, pero tiempo después, me enteré de que como árbitro no le había ido muy bien. Ojo, tampoco es que mi viejo era ciego ¿eh?, pero necesitaba los anteojos para ver bien. En aquel tiempo no la podía disimular, no había lentes de contacto. ¿Y qué iba a hacer? Eso sí, en Platense no jugaba con los anteojos puestos. Seguro que se le debía complicar bastante..." Finalmente los árbitros levantaron la huelga y aquella tarde de la foto, la del 3/9/44, Pajoni dirigió su tercer y último partido. En los diarios no hay comentarios acerca de su actuación. "Bueno, si en ese partido pasó inadvertido —supone Carlos—, quiere decir que habrá dirigido bien, ¿no?".
 
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Fuentes: Caleños, Olé, Kicker