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| Un minuto de silencio |
| En las Eliminatorias del 74, los
soviéticos se negaron a jugar ante Chile porque el Estadio
Nacional era "un campo de concentración". Entonces, los chilenos
jugaron solos y, sí, hicieron un gol. |
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Los
11 futbolistas salieron al césped del Estadio Nacional de
Santiago y se acomodaron en sus posiciones. Ante 20 mil
personas, esperaron el pitazo del árbitro chileno Rafael
Ormazábal e iniciaron el juego. En menos de 30 segundos, con un
par de toques, avanzaron hasta el área contraria y Francisco
Chamaco Valdez la clavó en el fondo de la red. El dato
sería una mera estadística si no fuera porque, enfrente, no hubo
rival alguno. La increíble historia se remonta al 21 de
noviembre de 1973, en las Eliminatorias del Mundial 74. En un
comunicado de días antes, los soviéticos dijeron que no se
presentaban porque "el Estadio Nacional ha sido convertido en un
campo de concentración, una plaza de torturas y ejecuciones de
patriotas chilenos" y que estaban dispuestos a jugar pero en un
campo neutral. Los chilenos argumentaron que su rival se negaba
a jugar porque, luego de empatar como local, no tenía chances de
clasificarse al Mundial..
El episodio comienza el 11 de setiembre de ese año,
cuando el dictador Augusto Pinochet derrocó del poder al
socialista Salvador Allende. En tanto, la selección chilena se
preparaba para disputar un mano a mano, ida y vuelta, contra los
soviéticos por una plaza mundialista (el ganador del Grupo 9
europeo —URSS— debía definir con el ganador del Grupo 3 de
Sudamérica —Chile—). La ida se jugó el 26 de setiembre, 15 días
después del golpe de Pinochet, en el Olímpico de Lenin de Moscú,
ante 70 mil personas. Y fue hazaña, ya que los chilenos
mantuvieron el cero ante un rival, en los papeles, muy superior
(los soviéticos venían de ganar la medalla de bronce en los
Juegos Olímpicos del 72).
"El recibimiento de esa noche lo tengo calcado en mi cabeza, con
una silbatina ensordecedora del público. Nuestro comportamiento
fue extremadamente defensivo, yo siendo puntero casi no pasé la
mitad de la cancha. Ahí surgió la figura de Elías Figueroa en
defensa y soportamos los ataques. Al final, la hinchada nos
despidió entre aplausos, en un acto noble que sólo vi en el
deporte", cuenta Leonardo Véliz. El ex delantero desconoce una
ayudita del árbitro, pero otras versiones apuntan a una mano del
brasileño Armando Marques.
"Elías
Figueroa me contó en detalle que el árbitro fue muy complaciente
con algunas jugadas. El dio algunos golpes y no le decían
absolutamente nada", remarca Axel Pickett, periodista y autor
del libro El partido de los valientes (Aguilar, 2003) que recoge
los sucesos de esa eliminatoria. La chispa entre ambos países
fue patente horas después, cuando en la cena entre delegaciones
quedó vacía la mesa local. Un presagio de lo que ocurriría. "En
ese momento, no nos importó. Nos preocupaba el contacto con
nuestras familias, por lo que pasaba en nuestro país", contó
Francisco Chamaco Valdez.
"Muchos estudiantes chilenos exiliados se acercaban a
preguntarme lo que ocurría, pero llevábamos casi 15 días de gira
y sabíamos poco", remarca Véliz, quien estaba bajo la lupa del
régimen, por sus ideales. "Eramos consecuentes con lo que
pensábamos y nos manifestamos en contra de la dictadura. Nadie
estaba seguro, pero yo tenía el privilegio de ser futbolista.
Sabía lo que era mi posición y, si me hacían algo, el Colo Colo
tenía que salir a jugar con diez hombres", recuerda.
—Pero el día del partido de vuelta saliste a la cancha...
—Sin dudas que ahí prevaleció el amor al fútbol y a la
profesión. Para muchos, fue muy dramático pisar un estadio donde
se torturó. Es algo que quedará en la memoria de los que tuvimos
conciencia social y política. Ahora, quizá con una mayor
contundencia ideológica, me habría negado. Pero es imposible
volver el tiempo atrás.
A
otros futbolistas también los persiguieron. Carlos Caszely,
comunista, se marchó pronto al Levante de España. Hugo Lepe,
defensor campeón en el '63 en el Colo Colo, estuvo detenido
clandestinamente durante un mes en el mismo Estadio Nacional.
"El círculo central estaba pintado de negro y allí se citaba a
los detenidos que esperaban en las tribunas", rememora. Ya
liberado, volvió a entrar en las instalaciones el 21 de
noviembre, cuando asistió al partido ante el rival ausente.
Oficialmente, la FIFA se lo dio ganado a Chile por 2—0. "Lo de
entrar a la cancha fue un carnaval que hicieron los dirigentes
para decir que los comunistas tenían ''miedo'' de venir a jugar
con nuestra raza", explica Pickett.
"Lo de no presentarse fue un aspecto que no me pasó inadvertido.
Era su opinión y la encontré muy respetable, yo creo que imperó
su ideología", subraya Véliz. La Unión Soviética pagó una
multa por su ausencia y Chile recibió de la FIFA 80 mil dólares
en compensación. Con ese dinero, contrató al Santos de Brasil
—sin Pelé, ya que encarecía el alquiler— como partido festejo
por la clasificación. Perdieron por un escandaloso 5—0. Claro,
es que a ellos no los pudieron hacer desaparecer. |
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especiales@futboltico.com |
| Fuentes: Diario Olé (Argentina), Diario
El Mercurio (Chile) |
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